El accidente de los profesores, que dejo 13 personas muertas y 5 personas heridas, 18 historias que se recuerdan. Hoy sus familiares y algunos sobrevivientes cuentan sus historias después de cuatro años del fatal suceso.
Serían dieciocho historias para recordar y contar en un aniversario más de este fatal suceso que por todo el mundo se dio a conocer, la muerte de 11 profesores, un estudiante y el chofer de que conducía la buseta que fue intercedida ese día por un tractocamión.
Historias, algunas contadas por bocas de los familiares de aquellos 13 muertos de aquel fatal accidente que ocurrió mañana ya hace 4 años, 5 que pueden contar aquellos, que gracias a la misericordia de Dios tuvieron la oportunidad de vivir para contarlo, aunque sus vidas después de este fatal hecho no es la misma, y otra de una mujer que por olvidar sus llaves en casa, no tomó la buseta que condujo a 13 personas a la muerte pero que perdió a su amado sobrino en este hecho.
Ella es Aineida Isabel Ruiz Florian, sobreviviente al accidente, cuenta los sucesos de ese día, cuatro años después. Recuerda los minutos antes del accidente, la última charla y compartir con sus compañeros, un momento alegre mientras esperaban la buseta que los llevaría a su lugar de trabajo, el colegio en el corregimiento La Fortuna “recuerdo que ese 30 de julio del 2008 compartí con mis compañeros entre las 5:30 y 5:40 de la mañana estábamos reunidos, hablando que ese día en la noche era la final de un partido de futbol, iba a jugar La Fortuna, nosotros íbamos a quedar de ganadores” cuenta que también se encontraba acompañada de su sobrino, un jovencito que dos meses atrás había llegado de Santa Marta con el deseo de terminar sus estudios de bachillerato en el Puerto Petrolero y quedarse aquí acompañando a su tía quien le brindaría la oportunidad de continuar con sus estudios superiores.
Por cosas de la vida, momentos antes de tomar la buseta ella metió la mano en el bolso y se dio cuenta que no tenía unas llaves que necesitaba “esperando la buseta me acordé que tenía que recoger unas llaves, mire el morral y me di cuenta que me faltaban las llaves de las herramientas de la parte agrícola y me devolví a buscarlas, le dije a mi sobrino, espéreme, yo no me demoro voy y ya vengo. En eso ya venía la buseta y mi sobrino me dijo- anda no tía ya viene la buseta, entonces le dije a mi sobrino que se llevará el morral y las cosas y yo me iba entonces en otra buseta, las últimas palabras que le dije al niño fue – que Dios te guarde papi” llora Aineida al recordar lo que sucedió después “cuando voy en la otra buseta me llama uno de mis compañeros del colegio que ya estaba en el plantel, y me dice -Aineida usted en qué buseta va? Y me pregunta - qué le paso a la buseta de ustedes? Le contesté, la buseta mía no le ha pasado nada, al cual él me responde - la buseta de don Manuel, es que nos acaban de avisar que la estrelló una mula en el mirador de la Unipaz y don Manuel está muerto”. Don Manuel era el conductor de la buseta que ese día habían tomado su sobrino y sus compañeros de trabajo “cuando él me dijo así yo iba llegando al trancón que se había formado por el accidente, yo me bajo de la buseta y salgo corriendo, cuando voy llegando varias personas que me distinguen me dijeron – profesora no llegue, son sus compañeros, inclusive la estábamos buscando a usted porque pensamos que estaba ahí, están sacando a su hijo. En ese momento cuando llegué estaban sacando a mi sobrino, no me lo dejaron ver, lo montaron en la ambulancia y no lo alcancé a ver, después llegue al lugar de los hechos” Aineida para su relato, respira, toma aire, llora y prosigue diciendo estas palabras “algo que nunca se me ha borrado de la mente es mirar como quedaron mis compañeros, mirar que en un momentico estábamos hablando y en cuestión de segundo la vida se les cegó y que si por la misericordia de Dios yo no me acuerdo de las llaves y no me devuelvo, yo hubiese sido víctima también de ese accidente y no estuviese aquí contando esta historia” dice Aineida quien también cuenta que su sobrino murió dos horas después en un centro de salud de la ciudad.
Cuatro años después Aineida recuerda a sus compañeros pero muy especialmente a ese sobrino, a ese niño que era su compañía, que tenía muchas ilusiones en la vida y que había llegado a la ciudad con sueños por cumplir “mi sobrino tenía dos meses de haberse venido de Santa Marta con la ilusión de estudiar la universidad acá pues quería estudiar ingeniería ambiental, él vino a pasar unas vacaciones, se enamoró del colegio y de la ciudad y decidió quedarse conmigo, , para mí era como un hijo pues yo no tengo hijos, él era mi compañía” concluyó Aineida Isabel Ruiz Florian.
Era su último día.
Otra historia de este trágico hecho es la profesora Yesenia Peñaloza Bautista, era su último día después de cuatro años de trabajo en aquel colegio, tenía una hija de tan sólo cuatro años de vida, ella no tenía por qué haber ido ese día al colegio, no era necesario, sus familiares, amigos y vecinos le dijeron que no fuera, que se tomará ese día para descansar pues empezaría pronto a trabajar en otra institución, pero ella quiso ir a despedirse de sus estudiantes y compañeros del colegio La Fortuna, ellos le tenían una despedida. Hoy su hermano Orlando Peñaloza Bautista cuenta su historia “para mí lo más traumático de recordar esto es que para mi hermana era su último día el cual debía asistir a la institución, ella había pasado un concurso para entrar a trabajar a otro plantel, ella había elegido un colegio en la ciudad. Los estudiantes le tenía preparado una despedida porque era su último día de su trabajo, a ella muchos compañeros y yo le insistimos que no se presentará más al colegio porque ella no tenía más nada que hacer allá, ya ella empezaba a trabajar para otro colegio y ella dijo que no, que ella tenía que entregar su puesto y que los estudiantes le tenían preparada una despedida, porque ella fue docente por cuatro largos años en ese colegio, entonces le tenían preparada una despedida que desafortunadamente fue la despedida final y eso a mí es lo que más me atormenta, fue el último día de los cuatro años, nunca había tenido ningún accidente y eso es bastante traumático, pensar que si ella no se hubiera presentado ese día….” dijo su hermano al recordar todos los acontecimientos que se presentaron esa mañana, al pensar que su sobrina actualmente se encuentra sola, con la ayuda de él que trata de darle lo mejor posible y su madre sagradamente va todos los domingos a visitar la tumba de su hija fallecida.
Murió su tesoro.
De este hecho también un padre, cuatro años después, aún sigue llorando la muerte de uno de sus más preciados tesoros, su hija mayor Cindy Estefany Barragan Goméz, una maestra de esa institución, la más joven de todo el grupo de profesores, ella apenas tenía 21 años y siendo profesora tenía muchos sueños por delante, entre esos soñaba con ser una gran abogada, era por eso, que en ese momento, aparte de laborar como profesora, también se encontraba cursando octavo semestre de derecho en un distinguida universidad de la ciudad “ha sido una perdida terrible para nosotros, para su mamá, para su hermana, era nuestro mayor tesoro, ella era la alegría de la casa, una amiga incondicional para su hermana menor, para nosotros ha sido muy difícil llevar la vida con este dolor y esta situación cada día es más insoportable, recordar que ella ya no está con nosotros, que nunca más la voy a volver a ver llegar por esa puerta con su alegría y abrazos hacía mi y su familia, que en el comedor hay un puesto vacio y en su habitación su hermana la extraña pues dormían juntas. Sus sueños y el de nosotros con ella se fueron ese día de su partida de este mundo” dijo su padre Fredy Barragan que en su voz podía hacer sentir que solo ha guardado un gran silencio y un gran dolor por la muerte de uno de sus mayores tesoros, su hija mayor.
No hay nada que llene el vacio.
“Lo más difícil de sobrellevar esta situación es que a mis hijos les puedo dar de todo pero no les puedo devolver a su papá” así se expresa Januaria Alcocer Peña quien perdió a su esposo en aquel falta accidente. Cuenta ella que él era un excelente papá, joven, amoroso, trabajador, después de tantos años de su muerte sus hijos no comprenden la situación y aún lo lloran. Así sucedieron las cosas la mañana del accidente “ la mañana antes del accidente fue muy bonita, él se levantó con muchas energías, más temprano que de costumbre, se colocó la ropa que mejor le quedaba, le dio muchos besos y amor a sus hijos y jugó conmigo antes de irse, iba con mucho amor a su trabajo, nos habíamos quedado de encontrar en la tarde para cumplir una cita muy especial la cual no pudimos cumplir porque nos despedimos esa mañana pero no volvió más nunca a su casa ni a ver a sus hijos ni a encontrarse conmigo” dice Januaria mirando a sus tres hijos que la acompañaban y con las fotos en mano de lo que era su familia cuando estaba él.
La vida después de ese accidente cuenta ella que ha sido muy difícil pero especialmente para sus hijos, que se preguntan constantemente ¿porqué el papá ya no está con ellos? “cuando yo llegaba del trabajo él me tenía la comida hecha, el se encargaba en la tarde de los niños, me esperaban los cuatro. Después de ese día no hubo más quien me abriera la puerta, que estuviera pendiente de mis hijos, es Dios quien nos ha dado la fortaleza para salir adelante, cosa tremenda, olvidar todas aquellas cosas que marcaron nuestras vidas ya no están, las llamadas, el timbre del celular, su presencia, entre tantas cosas. Es duro es difícil, el tiempo pasa, todo parece normal, uno anda, uno se ríe, uno comparte pero solo en el interior de cada persona sabe el dolor que lleva y mis hijos nunca lo han dejado de preguntar” dice Januaria Alcocer.
SOBREVIVIENTES CUATRO AÑOS DESPUÉS DE LA TRAGEDIA.
Aunque no sea grato para ellos recordar aquel momento del accidente, de este fatal suceso se salvaron cinco personas, hoy con problemas físicos y psicológicos, solo cinco de los dieciocho que se movilizaban en aquella buseta que fue interceptada por un tractocamión,.
Hoy viven para contar y recordarle al mundo los que paso el día del accidente y como cambiaron sus vidas después de aquel fatal hecho.
Volver a vivir.
Atada a un caminador, dando cortos pasos, se encuentra actualmente Nidia Pacheco, una de los cinco sobrevivientes al accidente de los profesores. De la vida normal, alegre con su familia, con sus hijos, de sus salidas a caminar todas las noches como costumbre, el 30 de julio jamás lo olvidará, recuerda los momentos vividos en aquel fatal accidente “ese día fue normal, no sentí ningún presentimiento, solo que ese día mis compañeros, que normalmente hablaban mucho, iban callados, había un silencio, yo iba en el último puesto haciendo conversación con una compañera, yo acostumbraba a pasarme para el primer puesto cuando se bajaba una de las profesoras pero ese día me dio pereza desplazarme” cuenta ella que así fueron los minutos antes del accidente y recuerda como fue el momento exacto donde ocurrió el horror “recuerdo que ese día don Manuel hizo una parada, cuando el arrancó yo me asomé para mirar por dónde íbamos y vi el tracto camión, fue un momento desesperante, pensé que hasta aquí había llegado mi vida, cerré mis ojos, abrace el morral que tenía en mis manos y me aferré a papito Dios, al cual le pedía que me protegiera” en ese momento sucedió el trágico hecho de dolor “en medio de ese momento escuchaba gritos, mis cinco sentidos se fueron por unos segundos, cuando desperté vi la horrible escena, la compañera que iba al lado mío estaba agarrada de los pies y con la cabeza a mi lado, no fui capaz de llamarla, los profesores que iban al lado derecho, esa parte de la buseta ya no estaba, la compañera con la que yo iba a cambiar de puesto, ella estaba por fuera de la buseta, la llamé pero ella se quejaba y cuando me vi tenía la pierna partida, llegó un policía, me preguntó el nombre, el número de la cedula, cuántos hijos tenía y cuando me preguntó el número telefónico mi mente quedó en blanco, perdí el sentido, no supe cómo me sacaron de la buseta, ni me subieron a la ambulancia, al rato me di cuenta que estaba en la clínica” Cuenta ella que la estabilizaron y no volvió a saber más nada sino siete días después que se dio cuenta que estaba en cuidados intensivos en Bucaramanga.
Los días y meses después del accidente cuenta que fueron de mucho dolor pero también de apoyo familiar por parte de sus hermanas, de sus hijos y de personas que ella no sabía que la admiraban. Para ella fue casi un año en cama donde solo podía mover sus brazos y donde sus familiares y personas cercanas le tenían que hacer todo.
Han sido cuatro años donde ha tenido que estar sometida a operaciones constantes, aproximadamente 8 operaciones para arreglar partes de su cuerpo que quedaron fracturados por aquel suceso “son cuatro años de sentimientos encontrados, cuatro años de sin sabor, de lucha pero también de victorias, en estos cuatro años han sido de un proceso en que he estado sometida a procedimientos quirúrgicos, en mi pierna he tenido cuatro o cinco cirugías, en la cadera también y prácticamente para estas fechas me he encontrado en una cirugía, de un procedimiento quirúrgico, alrededor de 8 o 9 cirugía y aun faltan más pero todo ha sido para mejorar aunque sé que no voy a quedar cien por ciento de como era antes del accidente” dice ella.
Nidia cuenta que a veces se queja del porqué de ese suceso, del porqué de su situación actual, atada a un caminador, a su familia que le ayuda a movilizarse y en el desespero de pensar en las próximas cirugías “fue un cambio total, un cambio radical, algo que uno nunca piensa que le va a suceder, lo único que uno puede hacer es aferrarse a Dios, pedirle a él y darle gracias porque estoy viva” complementó Nidia.
Cambio de rostro.
María Carmenza Rodriguez Reyes es otra de las sobrevivientes de este trágico accidente, en ese entonces tenía 26 años de vida y era una profesora del plantel educativo en el corregimiento La Fortuna, ella, también una historia grande y triste por contar, un cambio de rostro total.
Con lágrimas en los ojos y la mente llena de aquellas horribles imágenes del fatal accidente, con las ganas de olvidar y sacar de su vida ese trágico suceso, cuenta como desde hace cuatro años su vida y especialmente su rostro joven, bello, alegre y juvenil cambio “después de este suceso la vida es como un antes y un después, es como el antes de Cristo y después de Cristo, desafortunadamente tenía una vida muy distinta, una vida tranquila, una vida sin problemas, pero ahora es vivir con los dolores todos los días, levantarse todos los días y recordar el suceso, lo más difícil para mí ha sido el cambio de rostro, pues el hecho de haberme fracturado mi cara generó un cambio total, todavía, cuatro años después del suceso tengo cirugías pendientes, hay daños que son irreparables” cuenta María Carmenza que además anexa que su vida paro desde ese 30 de julio de 2008 pues no ha podido formalizar una familia, tener unos hijos como lo soñaba, sus sueños, proyecciones y planes hacia el futuro cambiaron.
Hoy son historias que se seguirán contando con los años, historias que faltan por contar pues son 18 familias que resultaron afectadas en este hecho, pero de esas 18 fueron muchas personas, que desde lo más profundo de su ser pueden manifestarle al mundo la tristeza infinita de que su hija, su sobrino, su esposo, su familiar ya estén acá. Además como una sociedad se ha olvidado de ellos pues ni justicia ha habido para remediar el dolor y el daño causado, de aquellos profesores que iban a cumplir una de las más hermosas labores que hay en la tierra, enseñar a otros pero por cosas del destino murieron antes de llegar a compartir con sus alumnos.
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